Existe una forma simple de obtener una identidad. Digo "obtener" y no construir o desarrollar una identidad, porque en este mundo uno "obtiene" una identidad: para el país, somos un n° (
DN
I); para la aldea global, también (
Pasaporte); para el sistema de salud o el de jubilación, la identidad también es numérica; a veces con humoradas uno también identifica a las personas con un número "y... después de anoche le pongo un dos!"; uno "es" o "no es" si está reconocido como conductor en el organismo correspondiente; uno "es", "existe" en la medida en la que otros dan cuenta de aquello que somos. Mientras tanto, el ámbito en el que nos presentemos conjuga y juega con fragmentos de nuestra identidad: con nuestra formación profesional -"
Licenciada (
doctor,
arquitecto,
profesora)..."-; con nuestros grupos sociales cercanos- "Soy el tío (hermano, prima, esposa, amigo, vecino...); con grupos sociales de pertenencia -"Soy
bostero (
gall
ina, diablo,...); con comunidades religiosas -"Soy
católico (
musulman, judío...); y hasta con el universo astrológico animal -"¿Vos también sos
Gallo (
Tigre,
Conejo,
Búfalo...")-. Para recibir el dinero a cambio de lo trabajado también tenes que darte a conocer a través de una contraseña generalmente al-fa-nu-mé-ri-ca. A veces la cosa se torna tragicómica cuando al intentar darnos una identidad, los números del pasado se ensañan en jugarnos una mala pasada -"Vos fuiste mi 1° amante (esposa, novio)"- o -"Esa fue mi maestra (de 1°, 2°"...)"-.
Lo interesante de construir la identidad de cada uno es que se alimenta de aquellos fragmentos que compartimos con otros, o que otros nos adjudican, digiriendo algunos ingredientes, pero creando nuestra propia receta única con los condimentos de aquello que jamás vamos a develar tan abiertamente a los demás.
Puede ocurrirte que pierdas la tarjeta que dice qué número sos para el gobierno de tu país y te pases horas explicando que perdiste el papel pero que sabés quien sos; o que te roben tu registro de conducir y que al desconfiado agente de tránsito que te exige el carnet le dediques un coloquio en el que detallás tu idoneidad en el manejo.
En el mundo virtual tenemos nicks, contraseñas, y mentimos convenientemente cuando se trata simplemente de un "contacto" sobre nuestra identidad.
Para muchos fuimos fragmentos de su identidad, para algunos otros somos lo que somos más allá de cualquier papel que intente reducirnos a una categoría. Más allá de los números, de las cualidades y categorías, el juego se pone interesante cuando comenzamos a proyectar lo que seremos.