Hay otro tipo de encuentros, que creo que da sentido en forma completa a la relación entre el buscar y el encontrar. Son esos encuentros casuales - ¿o causales?- que uno podría estar intentando entender cómo o por qué se produjo, y entrar en el debate en torno a si tenemos un destino o si fue un destino construido por nosotros a partir de una cantidad de decisiones, o ambos!!
Esos encuentros suelen ser mágicos, sorpresivos, inesperados, deliciosos, o en casos de situaciones de violencia como un robo, absolutamente desagradables porque, sea cual fuere la sensación que nos genera, nos invade, nos conmueve, nos moviliza sin haber estado advertidos de ello. En el fondo se vuelven contra nosotros.
Los que nos atemorizan deberíamos guardarlos en un cajón o aplastarlos para que no se metan con nuestra querida confianza, esa que nos permite avanzar, salir, arriesgarnos, emprender, ver con el alma...
Los que nos animan, los que se deleitan, los que nos dibujan una sonrisa, deberíamos contagiarlos al mundo para que parte del sentimiento de entusiasmo, alegría, emoción profunda se propagen y logren transformar un día gris en un abrazo de sol, o un vacío en un torrente caudaloso de afecto.
Encuentros, más allá de los temores. Encontrarse con Otros para encontrarse uno mismo.